¿Qué es la filosofía maldita? (por Slaymen Bonilla)

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Dice Juan Arnau (2005) que “la conclusión no tiene por qué ser posterior a las pruebas, las hipótesis o el argumento. De hecho (y esto ocurre a menudo en cualquier investigación) la conclusión suele preceder a las pruebas. ¿Por qué? Porque la conclusión misma es el aliento que anima la búsqueda de pruebas. ¿Quién si no emprendería labor tan prosaica y sacrificada? El que busca pruebas con esmero y dedicación suele tener ya una conclusión” (122).

El caso de la filosofía maldita no fue distinto. Diego y yo comenzamos allá, por 2008, con la conclusión. Un conjunto de autores que nos parecía tenían algo distinto. No sabíamos bien a bien qué era eso distinto o, mejor, cómo justificarlo, pero intuíamos algo peculiar en sus filosofías, en su carácter, en sus vidas, que los separaba del resto. A partir de ahí comenzó un proceso para justificar y dar pruebas de esa conclusión a la que habíamos llegado. Lo primero que hicimos, en aras de agrupar a estos autores para, posteriormente, con el paso de los años, poderlos trabajar, fue darles alguna denominación. Dos eran nuestros antecedentes: los poetas malditos y las contra-historias de la filosofía de Michel Onfray1. De estos dos antecedentes hablaré en un futuro ensayo. Por lo pronto, optamos por el nombre de “filósofos malditos”, quizá sin saber bien hacia dónde nos llevaría o el porqué exactamente de este título. Aún hoy en día seguimos buscando las “pruebas” que nos permitan entender, plantear y explorar rigurosamente aquella “conclusión”.

En el presente, intentaré desarrollar algunas líneas de investigación que nos permitan entender qué es eso de la filosofía maldita. Comenzaremos, pues, con la etimología del término “maldito”. Maldito viene del latín male dictus, participio de male dicere, que significa “decir malas palabras o execraciones dirigidas a alguien”. El antónimo de esta expresión sería “bendito”, esto es, lo bien dicho, el decir buenas palabras a alguien. Estas dos dos expresiones fueron utilizada, normalmente, en un contexto religioso y se refieren al “decir” de Dios. Esto es, Dios bendice o maldice. Por ejemplo, léase Deuteronomio 28, en donde aquéllos que obedecen al Señor y cumplen fielmente sus mandamientos son benditos, mientras que, los que hacen lo contrario, son malditos. En este sentido, la filosofía maldita será aquella que, de manera explícita, rechace cualquier tipo de sujeción o sumisión a la divinidad, esto es, a lo Trascendente. El filósofo maldito es un “hijo rebelde”, el que no se ciñe a las reglas de su padre (o madre), el que prefiere irse de casa antes que cumplir con el dogma. ¿Cuáles son los efectos de esta rebeldía? El inmanentismo (“la verdadera filosofía debe ser puramente inmanente”, dice Mainländer (2011, 45), el ateísmo (Mainländer), el irracionalismo2 (Schopenhauer), el Caos (Caraco), el sin-sentido (Cioran), la herejía y la apostasía (Nietzsche). Pero la maldición no puede restringirse al terreno de lo religioso, lo metafísico o lo epistemológico, sino que debe ubicarse también en lo social, político, ético, etc. Así como Dios maldice, la Sociedad maldice a aquél que no se ajusta a sus reglas, a sus dogmas, a su buena consciencia (moral) o a su buena convivencia. Un paria social, diríamos. Aquí tenemos el anarco-fascismo (Sade, Linkola), el autoritarismo (Hobbes, Schopenhauer), el suicidio (Mainländer). Pero el filósofo maldito no sólo es maldecido por su forma de pensar, sino que es maldiciente. Sólo basta echar un vistazo a la vida de aquellos que consideramos filósofos malditos, para darse cuenta de que la misantropía (misoginia), la violencia, la ira, el desprecio, la melancolía, el descaro, recorren sus vidas. Anécdotas que nos pueden parecer divertidas a la distancia, pero que manifiestan un dolor profundo por la existencia3, “el delito mayor del hombre es haber nacido”, palabras de Calderón de la Barca que a Schopenhauer le fascinaba citar.

Pero la maldición oculta algo más, ella fue ligada a la magia o a la brujería durante la Edad Media. Y es que uno de los mandatos dados por Dios en el Antiguo Testamento dice que no se debe practicar la magia (Levítico 19: 26). “La magia fue así contrapuesta al milagro […], y en un contexto religioso fue desplazada por éste. Así, los teólogos distinguieron entre el milagro natural, el sobrenatural y el demoníaco o falso (brujería, magia)” (Juan Aranau, 85). Baste revisar las disquisiciones del Santo Oficio, para verificar la maldición inherente a la magia.

El concepto de magia posee diversas connotaciones de acuerdo a la época que se estudie. Así, tenemos una magia en la Antigüedad, ligada a los Misterios de Iniciación (pitagóricos, órficos, eleusinos, etc.), una medieval, una moderna y una contemporánea. La aquí interesa, dado su cambio paradigmático, es la medieval. Para entender mejor esto debemos elucidar tres conceptos: lo sagrado, lo religioso y lo mágico.

Estos tres conceptos son clave en el intento de descifrar qué es la Filosofía Oculta. El quid de la cuestión estriba en que si investigamos los ritos del antiguo oriente grecorromano nos daremos cuenta que en ellos estaban “confundidos” o mezclados estos tres elementos, mientras que, en el occidente europeo-medieval, el cristianismo propugnado por muchos de los Padres de la Iglesia se encargó, a partir de las interdicciones decretadas en el 366 contra la astrología y los encantamientos, de dejar claro que estos conceptos no eran lo mismo y que ni siquiera se podían unificar. Lo sagrado era sólo terreno de la religión, mientras que lo mágico nada tenía que ver con estos dos y, se puede suponer, que hasta se veía como algo opuesto (en un sentido negativo). Así, desterrado de su antigua casa, el “pensamiento mágico” buscará la protección de la filosofía, con miras a justificarse como pensamiento mismo, comenzaría entonces a ser pensamiento de oposición, pensamiento revolucionario (y, por tanto, prohibido oficialmente) (Slaymen Bonilla, 2017).

El cristianismo institucional combatió, desterró e intentó destruir todos los cultos que no fueran él mismo, que no suscribieran sus dogmas, tachándolos de abominaciones producto de la intervención de Lucifer. La magia fue así, maldecida.

Aquí nos topamos con la figura de Lucifer, como el principal antagonista de Dios, el rebelde por excelencia. ¿Pero por qué alguien cuyo nombre significa “el portador de luz” ha sido maldecido por la Eternidad, siendo arrojado al Fuego? La respuesta está en otro de sus nombres, Diablo, “el que divide”. El “pecado original” expresado en el libro del Génesis está ligado a la razón, la razón que divide. La serpiente, símbolo de Lucifer que es, a la vez, la razón4, pide a Adán y Eva que coman del Árbol del Conocimiento5. Al hacerlo, ellos se percatan de su desnudez, de su diferencia (uno no es el otro), del frío, etc. El Diablo los ha dividido, los ha escindido de la Unidad Absoluta, de la Totalidad, los ha hecho dudar, cuestionar, en un palabra, los ha hecho rebeldes. La magia (llamada también Filosofía Oculta) es la rebeldía contra Dios, contra el Logos en tanto Palabra dogmática, en tanto Verbo anquilosado, en tanto Ser Absoluto. Es una palabra (Mito6) que se opone a la Palabra (Logos), una palabra que no se enajena en sí misma, que no se diviniza en sí misma. El Mito se sabe Vacío (abierto), el Logos no (cerrado). El Logos se asume como la Razón. “Los materiales frente a los que reacciona la razón pueden ser muy diversos […] 1) enfrentar las diferencias culturales […] Lo que llamamos desorden racional es aquello que socava o pone en tela de juicio nuestro sentido del orden. Así, nos parecen ejemplos de irracionalidad las costumbres extrañas, las violaciones a nuestro sentido de lo que es limpio y lo que da asco, lo que es sensato o temerario; 2) enfrentar las diferentes formas del horror (quizá la más imperiosa de las formas de la razón). Las guerras, el exterminio de pueblos, las catástrofes naturales, las violaciones a los derechos humanos nos parecen irracionales; 3) también el deseo crea su espacio a la razón, las violaciones internas como los deseos conflictivos o las pasiones que juzgamos síntomas de la debilidad moral” (Juan Arnau: 87). Aquí es donde yace lo maldito, lo maldito como reacción a la razón de Dios (Logos), lo maldito como ese otro discurso (Mito) que sí se compromete con estos temas, lo maldito como una forma de la magia. Los temas que guiarán la filosofía maldita son el desorden (Caos), lo irracional, las violaciones a lo limpio, el asco, el horror, las guerras, el exterminio, los deseos conflictivos, las pasiones, la debilidad moral, y lo harán desde una perspectiva burlesca, temeraria, asquerosa, hórrida, irracional (contra-racional)7. Aquí, nuevamente, aparece la magia, en donde la intuición y la imaginación se oponen, como Lucifer a Dios, al pensamiento pragmático, racional, cientificista. Interesante es ver, en los filósofos malditos, este movimiento, pues la gran mayoría de ellos plantan este tipo de discursos. Mandeville, Sade, Leopardi, Mainländer, Nietzsche, Caraco, Cioran, Camus, Linkola, Michelstaedter. Y los que no lo hacen directamente, sí que defienden estas formas de pensamiento (Schopenhauer)8.

¿Y cuál es el destino de todos aquellos que osan tratar temas distintos de maneras distintas? ¿Cuál es el destino de quien osa oponerse a los Absolutos: Dios, el Espíritu, la Moral o la Academia? Aquí yace la última acepción de lo maldito: anathema (ἀνάθεμα). Este término fue con el que se tradujo, en la Septuaginta, la palabra hebrea herem. Por un lado, anathema se traduce como “ser apartado o separado”, por otro, herem significa algo “olvidado”, “fuera de los límites”, “tabú”, “dado irrevocablemente a la destrucción por no afecto”. La filosofía maldita ha de trabajar con el “tabú”, con lo que está más allá del límite9 sin preocuparse de la indignación que pueda causar, ir contra todo sin preocuparse por supuestas dignidades, aunque esto le conlleve su olvido, su destrucción. La filosofía maldita está hecha para ser quemada en el fuego de la Inquisición. Y el filósofo maldito debe asumir las consecuencias, el ser aparatado o separado. Y nuevamente, la prueba está en los malditos, quienes, en su mayoría10, fueron excluidos, escupidos por sus contemporáneos y, en gran medida, por la posteridad, al punto de sólo ser trabajados por pequeños grupos. Ellos no figuran en casi ninguna historia de la filosofía, en casi ningún seminario, son tenidos como “filósofos menores”, sus tópicos son tenidos como impuros, como risibles; se les vomita, filósofos despreciados por Dios, por la Sociedad, por la Academia. Y ése es el derecho que se ganaron con su sangre, con su herem, el de arder en la hoguera.

Bibliografía

  • Arnau, Juan. (2005). La palabra frente al vacío. Filosofía de Nagarjuna. México: FCE.

  • Bonilla, Slaymen. (2017). ¿Qué es la filosofía oculta? Recuperado de https://liberoamerica.com/author/eshiul/

  • Mainländer, Philipp. (2011). Filosofía de la redención. Chile: FCE.

1A quien, por cierto, tuve la oportunidad de conocer en 2011.

2Entendido como ir contra Dios en tanto Logos.

3Como Schopenhauer aventando por las escaleras a su vecina.

4La serpiente es, en muchas culturas, un símbolo de sabiduría (Véase a Quetzalcóatl).

5Dos metáforas ligadas al Conocimiento, la Inteligencia.

6La etimología original de la palabra Mito es equivalente a la de Logos.

7Que no anti-racional.

8Sin embargo, queda la pregunta: ¿Dios y Lucifer son realmente opuestos? ¿Lo bendito y lo malditos son opuestos?

9Por ejemplo, los límites de fondo y forma que impone la Academia.

10Salvo casos como el de Schopenhauer (en menor medida) y el de Nietzsche (en mayor medida).

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